España debería tener una política de Estado para Guinea Ecuatorial

Alfredo Okenve lleva trabajando en temas de sociedad civil más de dos décadas, a través de la ONG CEIDGE (Centro de Estudios e Iniciativas para el Desarrollo de Guinea Ecuatorial), razón por la cual le concedieron el premio franco-alemán de Derechos Humanos y Estado de Derecho en noviembre de 2018. Sin embargo, no pudo recoger el galardón por estar en España, convaleciente tras haber recibido una paliza en su país por su labor en pro de las libertades. En 2019, el régimen de Obiang cumple la friolera de 40 años; antes, estuvieron su tío, el dictador Macías, y la colonización franquista. De la situación actual en el país y de las relaciones (o falta de) con la antigua metrópoli nos habla un hombre humilde y honesto.

Usted es físico y profesor universitario, pero está suspendido de empleo y sueldo, pese a ser funcionario, ¿por qué?

Es una de las múltiples arbitrariedades que se dan en Guinea Ecuatorial, donde por orden de, como dicen ahí, la superioridad, dan un telefonazo al rectorado para que suspendan a los docentes de salario y empleo y ya está.

Es arbitrario porque la ley de funcionarios indica cómo se suspende o cesa a un funcionario y aquí no se ha cumplido, ni siquiera me han informado de la causa de la suspensión.

¿Qué o quién es “la superioridad”?

La presidencia de la República. Además, con las investigaciones que he hecho, me consta que es así.

¿A qué cree que se debe?

A mi labor como miembro relevante de la sociedad civil que promueve una mayor transparencia en la gestión de los ingresos del petróleo, dignidad y respeto. Guinea es un país muy pequeño y todo está controlado por un grupillo en torno a una sola persona, Obiang. Todo lo que escapa a su control está penalizado.

¿Qué acciones concretas lleva a cabo CEIDGE?

No es una labor puramente humanitaria, nosotros no repartimos lápices, buscamos el desarrollo integral de la persona y defendemos los derechos humanos, que son inherentes a cualquier persona.

Cuando acabamos nuestros estudios en España y/o la antigua Unión Soviética, algunos de los que regresamos decidimos que debíamos hacer algo por el país. Hablamos del año 96 o 97, cuando Guinea estaba muy abajo en los índices de desarrollo humano. Nuestra idea era ver qué podíamos hacer desde nuestras profesiones para transformar esos datos, pero fuera de nuestro trabajo ordinario. Por eso, la ONG nació como multisectorial.

Una de nuestras líneas ha sido promover el fortalecimiento de la sociedad civil guineana para que exista cierta autonomía y que la misma gente participe en su propio desarrollo, que no tenga que esperar nada de fuera ni del Estado, porque este o no llega o no quiere actuar. Hemos trabajado en formación y capacitación de asociaciones y ONGs, cooperativas o agrupaciones de mujeres preexistentes.

Nos encontramos con que el régimen no deja un espacio cívico, las leyes de asociacionismo son tan restrictivas que no permiten un funcionamiento eficaz de las mismas, eso nos lleva a tratar el derecho de asociación, de reunión, de manifestación o de expresión ...

¿Pero estos derechos existen o no?

Los derechos figuran en La Constitución, en su artículo 13, pero la implementación es más restrictiva que aquello que contempla la Ley Fundamental y así pasa con todo.

¿Entonces, en Guinea no hay manifestaciones?

En la práctica no ha habido ninguna manifestación que no sean a favor del presidente del Gobierno o del partido en el poder. Exactamente igual que en el franquismo.

Hablando de eso, ¿la Guinea actual bebe mucho de ese franquismo colonial?

Yo no viví la época de Franco, pero lo que he visto en las imágenes del  NO-DO, existe todavía en Guinea, en gran parte de las actividades cotidianas, en el trato a los ciudadanos o en la relación entre el Estado y la Iglesia. Es más, los actuales dirigentes son hijos del franquismo y todavía vivimos lo que se ha dado en llamar el “afrofascismo”. Cuando en algún momento, el Estado lleva a cabo alguna obra social, que es su deber, la gente sale a la calle a agradecérselo al presidente. El caudillismo es total.

Franco, Macías, Obiang... tres dictaduras encadenadas, ¿hay muchas voces discordantes pese a no haber conocido nunca la democracia?

Es una de las grandes dificultades, que la mayor parte de los guineanos no echa en falta la libertad o la democracia porque no saben lo que son. La concepción que tiene la gente del Estado es la de una institución que tiene que reprimir a la población y lo asumen como algo normal.

Gracias al trabajo que hemos hecho en estos años, a la propia evolución de la historia y a la televisión por satélite, cada vez más personas están comprendiendo otras realidades, aunque no hayan vivido fuera. Con todo, llegar al grueso de la población es muy difícil, puesto que pocos son conscientes de la usurpación de sus derechos. Trabajar por los DD.HH. es un deber moral, cívico y una necesidad vital porque nosotros queremos ser normales, levantarnos, ir al trabajo, volver, ¡vivir!

¿No se puede vivir con normalidad en Guinea Ecuatorial?

Desde mi punto de vista, no. Te pongo un ejemplo: como profesores, no tenemos libertad de expresión. Yo soy de ciencias y es distinto, pero los que son de ciencias sociales y de letras se las ven y se las desean para explicar algunos asuntos, aunque no estén criticando al régimen actual. Hablar de las revoluciones o de las diferentes formas de gobierno, cuando lo cuentas en términos universales, no centrándote solo en Europa, puede, incluso, llevarte a la cárcel. Eso no es vivir normal.

¿Qué ha supuesto para usted apostar por la defensa de los Derechos Humanos en su país?

El hecho de echarme de mi trabajo es una de las fases de un proceso largo de acoso. Para desenvolverse bien en Guinea hay que ser militante del partido en el poder, el PDGE, y a los que tenemos cierta relevancia, por familia o por estudios, no nos basta con tener el carné del partido, sino que debemos demostrar que estamos de acuerdo con el Gobierno. Yo tenía mi salario normalito y, con él, hacía mi vida, cosa que se consideraba intolerable, teniendo en cuenta mi no militancia política, pero sí una militancia social que piensa en otras voces y tiene otro discurso. Así las cosas, comenzó el acoso, primero para que me integrara en el partido gobernante. Al ver que no me unía, asumieron que si puedo desarrollar mi labor sin ellos es porque tengo una serie de recursos, de modo que deciden condenarme a la exclusión económica y social. Buscan empobrecerte.

El hecho de continuar apostando por los DD.HH. ha provocado que el acoso continúe con mayor intensidad, hasta tal punto que, en 2016, suspendieron arbitrariamente la ONG. Tras recurrir, como la ley nos favorece, logramos continuar.

En 2017, al presidente de la ONG y a mí nos metieron durante 16 días en la cárcel sin juicio ni explicitarnos una causa y tuvimos que pagar un rescate de 600 euros para recobrar la libertad. Pero nosotros seguimos trabajando y haciendo cosas, como por ejemplo, construir y poner en marcha una biblioteca para la Escuela de Ingenierías de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial, en Bata. Al haber sido profesores ahí, conocemos sus carencias.

Por su labor y tesón en Guinea Ecuatorial, le van a entregar un premio internacional… ¡Enhorabuena!

Sí, es el premio franco alemán de DD.HH. y Estado de derecho y parte de sus Ministerios de Asuntos Exteriores. Creo que es el tercer año que se otorga y para mi sorpresa, me lo han concedido. Está destinado a quienes se sacrifican en el mundo por el cumplimiento de los derechos. El azar ha querido que me haya pillado en España convaleciente. No podré recogerlo, así que me lo darán en la Embajada de Francia o en la de Alemania, cuando esté en mi país.

¿Por qué está convaleciente?

El acoso a mi persona está en una línea ascendente, primero padecí amenazas verbales, luego me echaron del trabajo, más tarde me encerraron en prisión y parece ser que tocaba ir más lejos. El 27 de octubre pasado, fui atacado por elementos, aparentemente, de la seguridad del Estado. Me sacaron del coche a punta de pistola y me llevaron a un descampado apartado donde me golpearon y me abandonaron. Afortunadamente, no perdí la vida, pude arrastrame y llegar a un punto en el que fui rescatado por gente que me ayudó y que facilitó que mi familia me llevara al hospital.

He tenido que salir del país para recibir una mejor atención y por mi seguridad personal, puesto que se llevaron mi móvil, mis llaves de casa... Mis movimientos los tenían bien controlados y conocían bien el lugar en el que resido, de hecho, antes de interceptar mi vehículo, habían pasado por mi hogar, cosa que solo supe cuando regresé y vi en qué estado estaba. Mi vida ya no está garantizada en Bata, la ciudad en la que resido, por eso me tuve que ir.

Es curioso que el tercer país productor de petróleo del continente africano no tenga un sistema sanitario bueno y tenga que venir a España…

Sí, pero no es casual, porque hay una política de crear diferencias de forma sistemática. Si no eres del círculo del poder no tienes garantizado ningún derecho, ni siquiera los básicos, como la salud, la alimentación o la educación. Existen centros privados, de los que desconocemos su titularidad, que son caros y a los que no puede acceder cualquiera. No obstante, fíjate cómo están las cosas en Guinea que ninguno de los que está en el poder acude a los hospitales nacionales, ni siquiera a los privados, si tienen algún problema grave. Prefieren ir a países africanos como Camerún o Marruecos que, pese a tener un PIB per cápita inferior al nuestro, tienen un sistema sanitario de mayor calidad. Eso es un fracaso nacional.

¿Y le quedan ganas de hablar con la prensa pese a lo que le acaba de suceder?

Sí, yo quiero ser una persona más que, como tal, puede hablar con la prensa si le preguntan. Desgraciadamente, somos pocos quienes nos atrevemos a hacerlo. En estos últimos tres años, mucha gente en Guinea ha perdido su empleo, sus quejas son muy básicas, solo quieren trabajo y ahora que no lo tienen, sienten que viven las injusticias con mayor intensidad. En estos cuarenta últimos años, se ha creado una cultura contraria a nuestros valores bantú que olvida nuestras formas de solidaridad tradicional. Los contravalores están al alza, te dicen que te preocupes de tus cosas y te olvides del resto. Los que se quejan de haberse quedado sin empleo, de hecho, lo hacen desde lo personal, sin asumir que se trata de un derecho y que el responsable es un gobierno que debe fomentar el empleo bajo cualquier circunstancia y no lo hace.

Cierto, en Guinea se habla de crisis, últimamente…

La crisis financiera lleva como desde 2014, a raíz de la bajada del precio del barril de crudo y de que la producción ha bajado. Es un dato que se sabía oficialmente con anterioridad, pero que no se tuvo en cuenta ni se dijo a la gente, por eso solo se habla de la bajada del precio del crudo, pero no de ese descenso en la producción. No obstante, con lo pequeños que somos (alrededor de un millón de habitantes), incluso con la producción actual, si hubiera una buena gestión y distribución, la vida del guineano medio debería resultar muy holgada.

¿Al menos, se ha diversificado la economía o tener petróleo no ha servido para nada?

En absoluto, cuando el Gobierno se dio cuenta de que el petróleo iba a bajar hizo una conferencia. Fue en 2007 y se adoptó un plan de desarrollo que establecía que, para 2020, tendría que haber una diversificación de la economía que supusiera que el país no tuviera que depender del petróleo únicamente. Ya casi hemos llegado al año límite y seguimos siendo absolutamente dependientes de los hidrocarburos. No ha habido capacidad para implementar esos planes de desarrollo, se ha despilfarrado el dinero en suntuosas construcciones completamente superfluas y de lo básico y necesario se ha hecho poco.

Pero… ¿no hay nada útil o bueno?

Sí, hay más carreteras y han hecho viviendas sociales que no son sociales porque se venden a 40 millones de FCFA (60.000 euros), precio que está fuera del alcance de la mayoría de los guineanos. Otro ejemplo sería la construcción de un aeropuerto en la islita de Corisco, donde no van aviones. Como esto, mil cosas, pero si visitas las escuelas públicas, verás que dan pena.

Le premian Alemania y Francia, ¿y qué pasa con España?Guinea Ecuatorial fue territorio español entre 1778 y 1968…

Es una pregunta que se debe hacer a España. No puedo entenderlo en términos racionales. Con España hemos tenido un encuentro o un encontronazo, más bien, nos colonizaron, llegamos a ser una provincia y la primera comunidad autónoma que han tenido. La descolonización no se hizo bien, solo han pasado 50 años de eso y han tenido tiempo para haberse enmendado. Por responsabilidad histórica, tendrían que sentarse con las y los guineanos, sin exclusión, y ver cómo podríamos avanzar, pacíficamente, con el fin de que podamos elegir libremente nuestro futuro, a nuestros dirigentes y su forma de gobernanza.

¿Por qué España tiene responsabilidad en el presente de Guinea Ecuatorial, si lleva medio siglo siendo un país independiente?

A los cinco meses de conseguir la independencia, nos sumimos en una crisis que degeneró en la dictadura y no toda la responsabilidad puede atribuirse a las y los guineanos de esa época. Por ejemplo, cuando Nigeria accedió a su independencia, tenía una universidad potente; en Guinea el gran centro educativo era la Escuela Superior que solo formaba a auxiliares, equivalentes a un grado medio actual de formación profesional. Solo en los últimos años de la autonomía, con prisas, se preocuparon por formar a la gente en grados superiores en España y la mayoría se quedó en la metrópoli. Esa decisión de ralentizar la capacidad de gestión del guineano está ahí, los guineanos estaban concebidos para ser auxiliares, no tenían experiencia de gestión y eso estaba muy pensado. Ojo, tampoco lo han hecho los gobiernos actuales. Por eso, ahora, asumiendo que se hizo mal, debería arreglarse, contando con todas las partes.

Pero no parece haber mucho interés, ¿no? Guinea Ecuatorial casi ni sale en los libros de Historia…

Yo no soy especialista ni en Historia ni en Relaciones Internacionales, pero lo veo como un tema racista, ¿por qué los informativos hablan de la actualidad de Venezuela o de Argentina y nunca se habla de Guinea? Ambos países se independizaron de España mucho antes que nosotros. Sin embargo se asume y conoce que existen vínculos históricos que continúan vivos. Con Guinea, no. Curioso, si tenemos en cuenta que Guinea Ecuatorial está más cerca geográfica e históricamente hablando. Sin embargo, la relación es asimétrica, ya que el sentir del guineano hacia España está muy vivo.

¿Y cómo es?

Sobre todo, de familiaridad, de cultura y tecnología y hasta de afecto. Cualquier guineano te puede decir la alineación del Barcelona, del Real Madrid, incluso del Valencia, por ejemplo, y no saberse la de los equipos nacionales. Pasa igual con la literatura, las series de televisión o los personajes históricos. Es más, hay noticias que salen en el telediario de Guinea que se cuentan como locales, cuando están acaeciendo en España.

Eso debe decir algo a los dirigentes y a los medios españoles. Guinea no cuesta mucho, apenas superamos el millón de habitantes y es un territorio menor que Extremadura, por eso sorprende la desatención. A lo mejor, si yo fuera un cubano o un venezolano, por citar países igualmente deficitarios en derechos humanos, mi premio habría salido en las noticias de la televisión de España, pero no es el caso. En definitiva, considero que España, tendría que tener una política de Estado para con Guinea Ecuatorial.

¿Cómo se encuentra, ahora, físicamente?

Estoy con tratamientos y con rehabilitación y deseando que no me queden secuelas.

¿Tiene idea de regresar a Guinea Ecuatorial?

Sí.

¿Y no le da miedo?

No me da miedo volver, pero sí soy consciente de que estoy en una situación vulnerable, hoy más que ayer. Viví un intento de asesinato frustrado y me tienen bien localizado. Ante la ausencia de garantías por parte del Estado, espero cualquier cosa.

¿De qué sirven los premios cuando alguien vive así?

No lo sé (se ríe).  Es la primera vez que tengo un premio de este nivel, los últimos me los dieron en la Secundaria, por ser buen estudiante. Creo que es un reconocimiento a un trabajo invisible e ingrato que llevamos a cabo muchas personas, no solamente yo. En mi país nos llaman “detractores de la paz”, de modo que cuando alguien sí reconoce la labor positiva que llevamos a cabo pienso “bueno, no estamos haciéndolo tan mal”. En realidad, es un galardón para las personas que piensan en el bienestar de todas y todos los guineanos.